Bunny lines: qué son las arrugas de la nariz y cómo se tratan con toxina
Cuando arrugás la nariz —al reírte, al fruncirla, al hacer un gesto de disgusto— se te marcan unas líneas finitas en el dorso, a los costados, hacia arriba. Esas son las bunny lines. El nombre viene del inglés, de «bunny», conejito, porque el gesto que las provoca se parece al de la nariz de un conejo. Y como toda arruga de expresión, aparecen por el movimiento repetido de un músculo.
Muchas personas ni las registran hasta que las ven en una foto o hasta que alguien se las señala. No son de las arrugas que más preocupan, pero cuando se marcan mucho, se pueden tratar. Acá voy a ser directa: se tratan bien, pero es una zona que exige criterio, porque tiene una particularidad que conviene conocer antes de decidir.
Qué son las bunny lines
Las bunny lines son las arrugas que se marcan en el dorso de la nariz. Se forman por el mismo mecanismo que el resto de las arrugas de expresión: un músculo que se contrae una y otra vez durante años termina dejando una línea en la piel que lo recubre. Al principio esa línea aparece solo con el gesto; con el tiempo, puede quedar marcada incluso en reposo.
Como son arrugas de origen muscular, entran dentro de lo que se puede abordar con toxina botulínica, que es la sustancia que relaja el movimiento del músculo para que la piel de encima deje de plegarse.
Cómo se tratan con toxina
El tratamiento consiste en aplicar toxina botulínica en la zona para bloquear ese movimiento que marca las arruguitas del dorso de la nariz. Al relajarse el músculo, la piel deja de plegarse en ese punto y las líneas se atenúan.
Ahora bien, la nariz no es una zona para aplicar de manera automática. Requiere evaluar bien el movimiento de la cara, entender cómo se relacionan los músculos de esa región y trabajar con la mano de un profesional con experiencia. No es una zona donde uno pueda seguir una receta general: cada cara se mueve distinto y hay que mirar eso antes de aplicar.
El efecto adverso que hay que conocer
Acá está el punto más importante, y es algo que la verdad no siempre se dice. Cuando se aplica toxina en el dorso de la nariz, se puede bloquear ese movimiento y, como consecuencia, aparecer un movimiento raro en los pómulos. Los músculos de la cara trabajan en conjunto; si relajás uno, a veces otro compensa y se genera un gesto que antes no estaba.
No es una complicación grave ni algo que deba asustar, pero es un efecto adverso posible y real. Por eso, antes de tratar esta zona, hay que avisarle al paciente qué puede llegar a pasar. Me parece fundamental que la persona sepa de antemano que existe esa posibilidad, para que, si aparece, no sea una sorpresa y podamos manejarlo juntos.
Este es, para mí, el corazón de trabajar bien: hablar con el paciente antes de tratar la zona. Explicarle qué se puede lograr, qué efectos deseados esperamos y qué efectos no deseados podrían aparecer. Esa conversación previa, frente al espejo, no es un trámite: es parte del tratamiento.
Preguntas frecuentes
¿Duelen o son peligrosas las bunny lines?
No. Son simplemente arrugas de expresión que se marcan en el dorso de la nariz con ciertos gestos. No implican ningún problema de salud. Tratarlas es una decisión estética, no una necesidad médica.
¿Qué es ese «movimiento raro en los pómulos» del que hablás?
Cuando se relaja el músculo de la nariz con toxina, otros músculos cercanos pueden compensar y generar un gesto distinto al habitual en la zona de los pómulos. Es un efecto adverso posible, no seguro, y es justamente por eso que hay que conversarlo antes de aplicar.
¿Cualquier profesional puede tratar esta zona?
Debería hacerlo alguien con experiencia, que sepa evaluar el movimiento de la cara y anticipar cómo va a responder. La nariz no es una zona para aplicar de forma estandarizada.
Las bunny lines se pueden tratar, y se tratan bien, pero no son una zona más. Antes de aplicar toxina en el dorso de la nariz hay que mirar cómo se mueve la cara y, sobre todo, hablar con el paciente sobre lo que se busca y sobre el efecto adverso que puede aparecer en los pómulos. Cuando esa conversación se da como corresponde, la persona decide con toda la información sobre la mesa.